En Julio de 2008 se produjo en Toyakola (Japón) la reunión del Grupo de los ocho países más industrializados, el llamado G8. Durante este encuentro se abordó el problema del cambio climático, el resultado fue el anuncio de un acuerdo para reducir a la mitad la emisión de los gases que causan el efecto invernadero. Pero este compromiso no viene acompañado de respuestas efectivas a esta problemática, ni a otros grandes temas como son la crisis alimentaria o el precio del petróleo.
Lo más preocupante es que el cambio climático es ya una realidad, y aunque se prevén efectos muy negativos a nivel mundial, son los países empobrecidos los que presentan una mayor vulnerabilidad ante las variaciones del clima.
Los desastres naturales (tormentas, inundaciones, sequías, etc.) y las alteraciones en la climatología son la causa fundamental del desplazamiento de más de la mitad de la población emigrante del planeta.
1.300 millones de personas en el mundo son pobres y su subsistencia depende de las actividades agrarias, pesqueras y la selvicultura; todas ellas sometidas al equilibrio de frágiles ecosistemas que peligran bajo los efectos del cambio climático.
La mayor frecuencia de olas de calor, inundaciones, tormentas y sequías incidirán en la seguridad alimentaria, sobre todo en las zonas más vulnerables, esto hará que se incremente el número de niños y niñas desnutridos/as y por tanto más supcetibles a padecer enfermedades.
Si la temperatura global aumenta hay enfermedades endémicas de las zonas cálidas como la malaria, dengue o fiebre amarilla que se expandirán hacia latitudes más altas.
Estas alteraciones climatológicas están afectando a los ciclos de las precipitaciones, mientras en las latitudes medias del hemisferio norte son cada vez más intensas y torrenciales, en las zonas tropicales las épocas de sequías son cada vez mayores.
Estas alteraciones del ciclo hidrológico están empezando a influir en la cantidad de agua potable disponible y a la vegetación, factores que inciden negativamente en el aumento de la deforestación y el empeoramiento de la calidad de los suelos.
Los conflictos por el control de los recursos hídricos afectan a más de la tercera parte de la población mundial y está claro que estas tensiones van a seguir en aumento conforme disminuya la disponibilidad de agua potable.
La mayoría de guerras del siglo XXI se librarán por el control de los recursos hídricos.
Éstas son sólo algunas de las consecuencias del cambio climático, por estas razones, para todas las partes implicadas en la lucha contra la pobreza se establece como una prioridad fundamental evitarlo. Las acciones que se pueden realizar deben encaminarse haciendo hincapié en los siguientes aspectos:
• Hacer presión para que se cumplan de forma real y efectiva los compromisos del protocolo de Kioto en
cuanto a la reducción de emisiones contaminantes.
• Generar proyectos de cooperación ambientalmente sostenibles y que contribuyan a luchar contra el cambio
climático.
• Destinar fondos necesarios para implementar medidas reales de reversión del cambio climático.
Es necesario, así mismo, introducir cambios radicales en la producción y utilización de energía. Es fundamental potenciar la inversión en energías limpias y de fuentes renovables, así como la concienciación de un uso más racional y solidario de las mismas.