El hambre es el problema que más población desplazada genera en el mundo, muy por encima de cualquier conflicto armado o natural.
Cuando pensamos en la población desplazada generalmente sólo nos viene a la cabeza la población refugiada a causa de las guerras, motivos políticos o por desastres naturales, sin embargo la pobreza es la causa principal que obliga a la población a abandonar sus hogares en busca de una oportunidad.
En la actualidad, casi 30 millones de personas se encuentran refugiadas en otros países o desplazada de forma interna. El desarraigo, la marginalidad y el rechazo de la población receptora, son los principales factores a los que se enfrenta este contingente poblacional que en la actualidad son los primeros afectados por la crisis.
Los países tradicionalmente receptores están inmersos en una profunda crisis a escala mundial que está desestabilizando la economía a todos los niveles. Esta situación incide con mayor fuerza en el colectivo desplazado que es el primero en caer en manos de la economía sumergida.
Sólo en España, 800.000 inmigrantes trabajan sin dejar huella en los registros oficiales, provocando que su situación sea más vulnerable si cabe, ya que la población desplazada carece de instituciones accesibles y de servicios adecuados en salud, educación, vivienda, protección social y justicia.
Por eso siendo el 11 de julio el día designado por Naciones Unidas como Día Mundial de la Población, es fundamental hacer un llamamiento para la visibilización de esta problemática que tradicionalmente es una de las grandes olvidadas dentro de los planes de instituciones y estados referidos a la ayuda y cooperación.