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UNA LLAMADA A LA SOLIDARIDAD

31 de Agosto de 2008

     El 31 de agosto, fue proclamado por la Organización de Naciones Unidas (ONU), como Día Internacional de la Solidaridad coincidiendo con el aniversario del movimiento "Solidaridad", que contribuyó a atraer la atención de los pueblos de todos los continentes, hacia la importancia creciente de la solidaridad como valor primordial de las relaciones entre las personas, los pueblos y las naciones, y por el que fue reconocido su dirigente Lech Walesa, con la concesión del Premio Nóbel de la Paz.

     En el año 2000, 189 Jefes de Estado y de Gobierno, aprobaron la Declaración del Milenio en la que se reconocía la solidaridad, como uno de los valores esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI y se acordó que los problemas mundiales se abordarían con justicia, de forma que los costos y las cargas se distribuyan conforme a los principios de equidad y justicia social.

     Sin embargo, ocho años después de la firma de esta declaración, las medidas adoptadas siguen siendo del todo insuficientes. Las desigualdades y la injusticia, tanto en temas sociales como económicos, siguen marcando una profunda brecha. El compromiso histórico firmado en la Declaración del Milenio, de acabar con la pobreza, no es posible sin la solidaridad de todas las naciones y sin políticas responsables tanto de los países ricos como de los países pobres.

     Para alcanzar este compromiso, se establecieron los Objetivos de Desarrollo del Milenio, poniendo como fecha límite para su cumplimiento el 2015. Los 7 primeros objetivos, están dedicados a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y ciudadanas. El Objetivo 8, plantea una serie de metas que deben asumir los países para llegar a la consecución del resto de los objetivos, fomentando una asociación mundial que aúne recursos y voluntades entre países ricos y pobres.

     Ante la falta de resultados, el próximo 25 de septiembre, los líderes mundiales han sido convocados por la ONU a una reunión sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En ella, se revisarán los progresos alcanzados, los errores cometidos hasta el momento y se expondrán los planes y objetivos específicos a los que se comprometerán los Jefes de Estado y de Gobierno de cada país participante.

     Ban Ki-moon, Secretario General de la ONU, espera que en esta reunión, "se envíe un mensaje contundente acerca de que los gobiernos están preparados para tomar el desafío de financiar el desarrollo". Esta iniciativa está impulsada por los desalentadores resultados conseguidos a la mitad del plazo para lograr los objetivos del milenio.

     Las fallidas reuniones de la FAO en Roma y del G-8 en Japón, sólo han servido para expresar buenas intenciones pero sin un compromiso claro de actuación, por eso es esencial no desaprovechar la oportunidad del día 25 de septiembre a la hora de encarar los problemas de forma clara y aportando medidas de actuación efectivas.

     Temas como la crisis alimentaria, aumentar la Ayuda Oficial al Desarrollo, la cancelación de la Deuda Externa o alcanzar la justicia en las reglas de comercio internacional, son algunos de las cuestiones que deberán tratar los líderes mundiales y sobre los que tendrán que dar soluciones concretas, como que la "ayuda al desarrollo" o la "condonación de la deuda externa" sean reales y no escondan como finalidad la promoción de las exportaciones de los países donantes o la privatización de los servicios públicos y la apertura de sus mercados a las economías del Norte.

     Las reglas de comercio internacional siguen privilegiando a los países ricos, impidiendo que los/as pequeños/as agricultores/as y los gobernantes de los países pobres, decidan como garantizar el derecho a la alimentación, proteger el medio ambiente y luchar contra la pobreza. Se hace necesario eliminar las subvenciones que permiten exportar los productos de los países ricos a los países pobres por debajo del coste de producción, dañando así el sustento de las comunidades rurales.

     En España se prevén, y hacen falta con urgencia, reformas en las leyes que regulan el Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD) y los seguros de crédito a la exportación (CESCE). Ambos instrumentos, son mecanismos de internacionalización de las empresas españolas y a su vez, son los generadores de la deuda externa de los países pobres con el Estado español, ya que para la concesión de estas "ayudas al desarrollo", se utilizan créditos bilaterales o se otorgan ayudas reembolsables.

     Si realmente queremos que se lleve a cabo un verdadero progreso en la equidad social, es necesaria la solidaridad y la cooperación de todos y todas, no sólo de los/as que gobiernan. Podemos actuar y exigir a nuestros/as representantes políticos que la solidaridad sea algo más que una palabra bonita, y que se transforme en una ayuda verdadera a todas aquellas personas, que no pueden acceder a los recursos suficientes para superar el umbral de la pobreza y cuya dignidad y derechos humanos son menoscabados.

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Todas las fotografías han sido realizadas por la ONG Ayudemos a un Niño.