El fenómeno de la situación de familia en relación con la emigración es una fuente de estudio que nos está dando un panorama novedoso en un momento en el que se ve peligrar esta institución por diversos frentes.
Una vez superado el mito de la familia mononuclear y estereotipada frente a una realidad múltiple, compleja y enriquecedora, quizás también sería conveniente ver esta institución desde otra óptica. ¿Qué pasa con las familias en las que uno o varios de sus miembros son emigrantes?
Frente al tópico de la desestructuración y del abandono de hijos e hijas, se abren otras miradas como la aparición de estructuras diferentes y la organización de vínculos entre los parientes, padres, madres, hijos o hijas de otra forma, es el fenómeno que se está denominando como familias transnacionales.
Numerosos estudios dan como resultado que si bien estas unidades no comparten un espacio físico real, la configuración del espacio emocional permanece intacto, incluso en muchos casos reforzado.
Los/as migrantes mantienen múltiples relaciones (familiares, económicas, sociales, organizacionales, religiosas y políticas) que vencen las fronteras. Realizan acciones, toman decisiones y desarrollan identidades dentro de redes sociales que los mantienen conectados con dos o más sociedades simultáneamente.
Las familias transnacionales, son las que cuenta con miembros entre dos sociedades. Es la idea de la reunificación la que mantiene a estas familias con una mayor unidad, superando incluso los obstáculos de la distancia. La comunicación entre parientes ha sufrido una gran revolución con los avances tecnológicos y permite una mayor implicación de los/as progenitores migrantes en la vida de sus hijos e hijas residentes en el país de origen.
La familia transnacional no es más que un ejemplo de adaptación, que deja de manifiesto su capacidad de flexibilidad a las condiciones imperantes, y una vez más nos muestra que la familia no es una unidad cerrada que permanece inalterable ante un nuevo ambiente cultural, social o económico.