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2015 es la fecha propuesta para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Las medidas de reducción de la mortalidad infantil siguen sin evitar que cada día mueran 10.000 recién nacidos/as en el mundo.

     La mortalidad infantil es una de las mayores asignaturas pendientes y al mismo tiempo, un desafío al que se enfrentan los/las agentes implicados/das en los programas de cooperación al desarrollo, aunque en los 40 últimos años se han llevado a cabo medidas que intentan paliar esta problemática, las cifras a las que nos enfrentamos siguen siendo vergonzosas. Más de 9,7 millones de niños y niñas, menores de 5 años, mueren todos los años en el mundo. El promedio es de 26.000 muertes diarias, la mayoría, a causa de enfermedades que se podrían evitar.

     Lo más preocupante, es que un gran porcentaje de estas muertes pueden impedirse siguiendo unas pautas sanitarias básicas, como son: la vacunación infantil, disponer de medicamentos genéricos, el acceso a infraestructuras sanitarias, a tratamientos apropiados de las enfermedades y lesiones más comunes, prevención y control de enfermedades endémicas, atención materno-infantil, educación para la salud, mejoras en la nutrición, el acceso a agua salubre y al saneamiento básico.

     Entre las causas directas de estos índices de mortalidad destacan enfermedades como:

     La neumonía. Enfermedad infecciosa de transmisión aérea. Es la que más muertes produce entre los niños y las niñas menores de 5 años; más que el SIDA, la malaria y el sarampión juntos. El hecho es que algunos de sus síntomas son iguales a los de otras afecciones, lo que dificulta su diagnóstico precoz y por tanto un tratamiento adecuado. Se trata de una enfermedad que encuentra un terreno favorable para su expansión, en los entornos afectados por el hacinamiento y la contaminación ambiental, y afecta especialmente a la población desnutrida y a los niños y las niñas con un sistema inmunológico debilitado.

     La malaria. También conocida como paludismo, es una enfermedad parasitaria vectorial transmitida por medio del mosquito anopheles. Causa más de un millón de muertes anuales y deja graves secuelas que pueden alterar el desarrollo físico e intelectual de los niños y las niñas supervivientes. Prolifera en contextos húmedos, con abundantes lluvias y facilidad para el estancamiento de las aguas, en los últimos años está ampliando su nicho ecológico hacia latitudes más templadas.

     EDA. Las enfermedades diarreicas agudas son causadas generalmente por agentes infecciosos como virus, bacterias y parásitos. La deshidratación es el principal factor de mortalidad. Es el agua, junto con los alimentos contaminados, el principal vehículo de esta infección que mata a 2 millones de niños y niñas al año. Se calcula que el 88% de las defunciones provocadas por esta enfermedad se deben a la higiene deficiente y a la falta de agua potable y de saneamiento adecuado.

     El VIH y el SIDA. Enfermedad vírica que destruye el sistema inmunitario de las personas que la padecen. La mayoría de infecciones se producen a través de transmisión madre-hijo/a. La incapacidad de establecer campañas efectivas de prevención y profilaxis, así como la falta de acceso a los medicamentos retrovirales que pueden lograr que las personas seropositivas no contraigan la enfermedad, tiene como principal consecuencia que en muchos países del Tercer Mundo, la infección haya adquirido proporciones de epidemia.

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