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Pero para entender las dimensiones del problema de la mortalidad infantil, hay que profundizar en otros factores de tipo subyacente, que vienen determinados por la pobreza a la que está sometida un altísimo porcentaje de la población mundial. La desnutrición es uno de los factores que más influyen en la mortalidad infantil, es la responsable del 50% de las muertes de menores de 5 años. El hambre y el bajo peso que azota a madres e hijos/as incide de forma directa en el debilitamiento del sistema inmunológico. La carencia de micronutrientes esenciales desemboca en enfermedades carenciales y son el caldo de cultivo idóneo para múltiples infecciones. La salud materna. Este ciclo fatal se inicia con la salud de las mujeres embarazas. La mala nutrición de las mismas aumenta el riesgo de partos prematuros y bebes con bajo peso. Una buena atención materno-infantil asegura una menor mortalidad de parturientas y contribuye a evitar las muertes por sepsis y tétanos. Así mismo el acceso de las mujeres a los servicios de salud sigue siendo muy bajo, ya que más del 40% de las mismas no reciben asistencia durante el parto. Otro tanto ocurre con la atención neonatal, la falta de formación en cuanto a la importancia de la lactancia infantil y de los cuidos esenciales, no facilitan el descenso de afecciones como la hipotermia y la neumonía. El acceso al agua potable en nuestro planeta está limitado a pesar de la abundancia de recursos hídricos con los que contamos. Más de 1.100 millones de personas en el mundo, no tienen acceso a agua potable, lo que incide de manera directa en la salud de la población, ya que enfermedades como la malaria y las enfermedades diarreicas proliferan en gran medida allí donde la calidad del agua es mala. La falta de infraestructuras de saneamiento básicas, afectan a más de 2.600 millones de personas a nivel mundial. Esta situación es ocasionada por diversos factores, como la falta de inversiones en la creación de infraestructuras, la gestión inadecuada de los recursos, una burocracia ineficaz o la corrupción. Las alteraciones medioambientales también influyen de manera negativa. En muchas zonas del planeta se están alargando los ciclos de sequía y la cantidad de zonas afectadas. La sobreexplotación de los acuíferos para el regadío y la desaparición de ecosistemas a causa de las actividades agropecuarias, están alterando el ciclo hidrológico y el clima aumentando la frecuencia de los desastres naturales relacionados con el agua, como las tormentas tropicales y los huracanes. La desnutrición, la carencia de cobertura en la salud materno-infantil, una higiene deficiente, la falta de acceso al agua potable y a infraestructuras de saneamiento, hacen que el panorama de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio para 2015, entre los que figura la reducción de la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes, se vea todavía como un objetivo lejano que, de cumplirse, podría salvar a 5,4 millones de niños y niñas en ocho años. |
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