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El sistema de salud nicaragüense sigue siendo muy deficitario. Sólo un 60% de las consultas médicas son atendidas por el sistema sanitario público, que cuenta con 16 médicos y 3 enfermeras por cada 10.000 habitantes y 1 cama hospitalaria por cada 1.000. Las desigualdades en cuanto al acceso a estos servicios son profundas y sus principales causas son: el aislamiento de las comunidades rurales, las desigualdades por razón de sexo o étnia y sobre todo, por cuestiones socioeconómicas, ya que tan sólo el 6,3% de la población está asegurada en el Instituto Nacional de la Seguridad Social, lo que deja a un amplio espectro social fuera de los servicios sanitarios por su alto costo. La mortalidad infantil ha descendido en los últimos años, aunque sigue siendo alta en los departamentos más pobres de Nicaragua. Entre la población por debajo de los 5 años, la morbilidad prevalente se debe a enfermedades respiratorias, diarreas, desnutrición y meningitis. La mortalidad materna sigue siendo alta, sobre todo en los colectivos indígenas, los sectores sociales empobrecidos, las adolescentes y habitantes de las zonas rurales, donde el 55% de las mujeres dan a luz en su propia casa. La desnutrición es una de las principales lacras entre los niños y las niñas nicaragüenses. En la actualidad, afecta al 12% de los recién nacidos/as, elevándose la cifra hasta un 27,2% de niños y niñas en edad escolar, presentando un retraso en el crecimiento. En los últimos años, también se ha observado un aumento en el número de enfermedades transmisibles como las afecciones respiratorias (IRA), entre las que destacan la neumonía y la tuberculosis, y las enfermedades diarreicas (EDA). Todas estas dolencias son prevalentes en las áreas más pobres e inaccesibles, incidiendo especialmente sobre la población infantil y las mujeres. La malaria y el dengue siguen concentrándose en los departamentos más pobres, en las áreas rurales y en los municipios de población indígena. El VIH-SIDA ha experimentado un gran aumento, considerándose una verdadera epidemia, que afecta principalmente a la población femenina. Entre los principales factores que influyen en el deterioro de la salud de la personas, especialmente en los menores de 6 años, se encuentran cuestiones como las grandes dificultades de acceso al agua potable, la carencia de servicios higiénicos adecuados, la contaminación medioambiental, la deforestación y la mala calidad de las viviendas. La vulnerabilidad medioambiental y la cada vez mayor exposición a desastres naturales, sobre todo huracanes e inundaciones, también están afectando de forma significativa la salud pública nicaragüense. Enfermedades como la leptospirosis, azotan las frágiles poblaciones afectadas por las lluvias, y se intensifican los casos de infecciones respiratorias agudas y enfermedades diarreicas agudas. Es fundamental generar intervenciones desde una perspectiva global del problema: invertir tanto en infraestructuras sanitarias y recursos humanos, como mejorar el acceso a los mismos de las poblaciones más vulnerables. Las políticas locales son un pilar fundamental a la hora de ejecutar mejoras en los campos de higiene y salud pública, también es imprescindible la difusión de información sobre hábitos y pautas familiares saludables. Además las medidas enfocadas a paliar la vulnerabilidad social de los grupos más desfavorecidos, son necesarias para erradicar el binomio pobreza-enfermedad, tan arraigado en Nicaragua. |
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